24 agosto 2009

Casi casi bastante inesperado

Y te digo que casi casi me parece que me tenés bastante abocada a vos, en el pensamiento, palabra y misión.
Y decís de la manera que me gusta, lo que sea que digas, aunque no lo comparta, me encanta, pero no lo esperaba...
Y tenés un ir entre relajado y eléctrico, que me desconcierta, me encanta y no lo esperaba...
Y puedo treparme a vos como a un árbol, con la destreza de un gato y el entusiasmo de un niño, que me encanta y no esperaba...
Y mirándote sin displicencia me siento libre de ser, decir y hacer, con temor sólo de perderme en el recorrido vehemente por el engranaje de mi nuevo semblante, florecido de mi esencia más pura.
Y me animo... también a enfrentar al hastío, deshacerlo, desestimarlo, o simplemente ignorarlo.
Y pensando en vos sonrío por la calle, mientras afortunados y eventuales no destinatarios disfrutan del producto de tu accionar ajeno tal vez a tu propia intención, pero que me transgrede y no me interesa evitar, qué tanto.
Desde el encanto de saberte cerca...
Encantada, no te esperaba, te deseaba,
entonces te recibo con alegría
bienvenido a mí.



22 agosto 2009

Larvas de insectos lepidópteros


Todavía vibrando en la sorpresa, finalmente debo confesar que he sido la planta escogida y ellas entraron en mi semblante sin permiso ni aviso.
Yo queriendo sin esperarlo les abrí el plexo sin pedir explicaciones, y las orugas van alimentándose de mi entrega incondicional, saboreando el manjar de mi disposición y disfrutando el hálito de mi respiración agitada por la emoción.

Parecen a gusto, siento profundamente que quieren quedarse, crecer y convertirse a su destino, volviéndome vicaria en la dirección del mío.

No tuve cuidado en lo que deseé y lo hice plenamente consciente de las facultades que ello podría darme; quise lo que deseé, con dilección e intención genuina de no esperarlas, pero sí recibirlas. El idealismo me volvió realista y me orientó en el aire, donde ellas ahora pugnan por volar sin rumbo, sólo por el placer de hacerlo. Yo deseé, sólo por el placer de sentirlo.

Son larvas de mariposas dentro mío que sostengo delicadamente sentada sobre madera rosa; mis párpados aletean mientras percibo tu llegada y la sonrisa me inspira el vuelo que vengo aprendiendo a llevar tranquila y sin apuro.

Y ya no ando corriendo sino que prefiero ir caminando en el camino, cuidando en el preludio la presencia de eventuales cazadores, velando por las orugas en mi tallo, mientras elijo disfrutar la capacidad de sorprenderme vislumbrando lo bueno, esperarlo respetando su propio biorritmo, confiada de la inminencia de su llegada.

No sos previsible,
no alistás demasiado las palabras,
no intentás coleccionarme,
no dejás el vaso lleno,
no parpadeás en la luz,
entonces
no veneremos el final abierto,
ni pretendas que te suelte.

Contame quién soy y hacé que sonriendo
susurre en tu boca mi verdadero nombre.



17 agosto 2009

Duende del Sur

...
Cómo escribir cuando sobran las palabras, cuando la paz impregnada al paladar todavía se saborea, aún en la vuelta.

Es el acto dentro de la obra, que todavía no tiene desenlace, que se perpetúa en la vivencia, en el continuo caminar, con el telón de fondo azul imposible y el público sólo M. y yo, leyendo en el horizonte la poesía sin rótulo que el viento a la vez nos recita al oído (aunque M. ya lo hace solito, siempre le gusta que le lean, costumbre que he sostenido desde que nació, qué bien yo).

Fuimos recibidos por las anfitrionas menos protocolares y sin embargo esmeradísimas en la belleza del ser. Me resulta imposible que se pueda ser tan majestuoso sin esfuerzo alguno.
El espectáculo me alcanza, me retiene, sujeta mi disposición entregada a la sorpresa y recibo su regalo, me fusiono en su danza desde la orilla, descalza pero con medias de piedras filosofales y por ello, invitada a hallar el modo oculto de acaudalar el alma.

Observo a M. y automáticamente lo convierto en un duende, en mi duende del sur, mágico, posible y concreto a la vez, una criatura que, amén de no haber sido duende hasta este instante, tiene desde siempre un encanto misterioso e inefable, y aparece honrando la pertenencia a su nueva especie, en el lugar donde no lo esperaba.

Percibo asimismo, cómo la energía transmuta y enseguida el perfume de lo nuevo se enamora de mi piel. De lo nuevo y bueno, siento cómo el viento de agua nos limpia sin intentar siquiera mojarnos, trayendo a mi imaginación algo que me inquieta sin alterarme.

El paisaje es un mandala que me embelesa y que, evidentemente, los Dioses pintaron y me ofrecen en la palma de su mano, con colores de escalas cromáticas aún no descubiertas, salvo por M. y por mí, elegidos no por capricho sino porque el ciclo debía recomenzar y recompensarnos; y por la prudencia de mi permiso previo predisponiéndome a recibir.

Mi duende del sur me toma de la mano y me pregunta si sabía que me ama. Lo sabía, pero estaba distraída, posando fuera de plano. Ahora la alegría se cuela en el corazón, me suspende cautivando mis sentidos, me sacude las fuerzas y me vuelve poderosa... ahora me inserto en el plano, de a poco, todavía fuera de foco, pero perseverante en el intento de empezar a ver con nitidez. Este es su año siete, causalmente, como los ciclos según mi amiga de nombre con dulzura de miel.

Ya no estoy lesa como al llegar, ya no soy más yo, o simplemente tal vez alguno de mis otros; aquellos que esquivaban el dolor y la ofuscación, los que preponderaban la sonrisa por sobre el enojo. Son ellos quienes ahora toman las riendas y reemprenden la marcha sin mirar atrás, tirando la muñeca vudú como ofrenda a Yemanyá que sentada en la alfombra de sal, acepta mi cortesía, me vigila y me autoriza nomás, a despojarme, ver y verme, a caminar de la mano con mi duende del sur, disfrutando el paisaje.

No es una tregua en la turbación...
es un cambio de perspectiva en el enfoque
y certeza en la orientación.


...
(It's something unpredictable, but in the end is right.
I hope you had the time of your life.
I`m listening meanwhile ... eloquent)