Todavía vibrando en la sorpresa, finalmente debo confesar que he sido la planta escogida y ellas entraron en mi semblante sin permiso ni aviso.
Yo queriendo sin esperarlo les abrí el plexo sin pedir explicaciones, y las orugas van alimentándose de mi entrega incondicional, saboreando el manjar de mi disposición y disfrutando el hálito de mi respiración agitada por la emoción.
Parecen a gusto, siento profundamente que quieren quedarse, crecer y convertirse a su destino, volviéndome vicaria en la dirección del mío.
No tuve cuidado en lo que deseé y lo hice plenamente consciente de las facultades que ello podría darme; quise lo que deseé, con dilección e intención genuina de no esperarlas, pero sí recibirlas. El idealismo me volvió realista y me orientó en el aire, donde ellas ahora pugnan por volar sin rumbo, sólo por el placer de hacerlo. Yo deseé, sólo por el placer de sentirlo.
Son larvas de mariposas dentro mío que sostengo delicadamente sentada sobre madera rosa; mis párpados aletean mientras percibo tu llegada y la sonrisa me inspira el vuelo que vengo aprendiendo a llevar tranquila y sin apuro.
Y ya no ando corriendo sino que prefiero ir caminando en el camino, cuidando en el preludio la presencia de eventuales cazadores, velando por las orugas en mi tallo, mientras elijo disfrutar la capacidad de sorprenderme vislumbrando lo bueno, esperarlo respetando su propio biorritmo, confiada de la inminencia de su llegada.
No sos previsible,
no alistás demasiado las palabras,
no intentás coleccionarme,
no dejás el vaso lleno,
no parpadeás en la luz,
entonces
no veneremos el final abierto,
ni pretendas que te suelte.
Contame quién soy y hacé que sonriendo
susurre en tu boca mi verdadero nombre.
susurre en tu boca mi verdadero nombre.
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