"Guardo en un sobre cinco barajas, dos ganadoras, tres derrotadas.
Guardo en un paño una navaja, no tiene filo, nunca hizo nada.
Y al terminar el día juego barajas contra navajas,
y antes de medianoche perdí mi vida contra tu nada..."
Si jugás no podés decir que desconocés el reglamento.
No me importa si estás lúcida, narcotizada o distraída.
No concibo tu inteligencia perdiendo la partida en la víspera.
No razono tu miedo en lo sucesivo.
Tu soledad es la navaja, tu nada, tu perspectiva, tu todo.
Tus certezas son las barajas.
Cinco barajas, que pueden mezclarse y dar de nuevo...
La revancha necesita la hipocresía de tu ilusión dormida.
La revancha no te espera, sigue tus pasos en puntas de pie.
No me endilgues la desgracia, no te laves en mi suciedad.
Dormí un rato, repensá las reglas, ésas que sí son inviolables,
aún cuando busques la mejor manera de sortear la luz roja.
Tu cuerpo es tu limitación, y desafiando a Platón vas creyendo que es lo único.
La ductilidad fue tu navaja sin filo, muchacha,
en el momento en el que era preciso cortar.
Y dar.
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