Se que es dicho que nunca es tarde (cuando en realidad siempre lo es), pero la intención es lo que cuenta (también es dicho):
Te pido perdón ahora que lo siento y lo pienso.
Te pido perdón antes de incendiarme otra vez.
Te pido perdón antes de incendiarme otra vez.
Es difícil separar las aguas; pero seguro mucho más lo que me invade después.
La rutina me está enojando, junto con la falta de expectativa, la inexistencia de la ilusión, la desaparición del proyecto...
La ira contenida, la descomposición del aire en mi atmósfera, me ahogan, lo siento pero no quiero verlo, y siempre terminás en la línea de fuego, y todo es hipérbole.
No sos vos, inocente y bello ser, soy yo y mi otro yo, estúpidamente enfrentados.
Cuando me mirás con tus ojitos llenos de incertidumbre, me siento tan poco y tan mal.
Soy como el átomo de lo que quiera que quisiera ser, el problema es que decididamente hoy no sé bien qué ni quién; pero vos siempre estás ahí, completándome, enseñándome desde la repercusión de tu reacción a mi acción.
Soy complicada, jodidamente retorcida en muchos aspectos porque evidentemente no aprendí a escurrirme en lugar de retorcerme.
Me han y me he inoculado mucho feo. A veces lo saco con cariño y paciencia, solita, en un auto exorcismo; otras vomito sin mirar a quién; otras tantas es la hibridez entre el sentimiento de amor genuino y el "deber", que me confunden sumado a todo lo demás. Guarismo innecesario, acaso dúctil.
Soy yo también, l
a que reflexiono (tarde) y necesito volver el tiempo atrás en la ineludible exigencia de cambiar la acción.Imposible volver el tiempo atrás (tan cierto como la parca), pero sí, factible cambiar la perspectiva y empezar de nuevo (otra vez); aún cuando devenga imposible salir exculpada, ilesa.
Comencemos: Recomience yo entonces. (Es una orden en el principio del orden).
(gritás tanto que no me dejás escuchar lo que decís)