29 julio 2009

Volando voy.

Permiso, Dioses.
Aprovecho la vigilia para avisarles que de la palma de su mano saltaré desde mi enanismo emocional, y voy a volar un rato.

Liberalmente, volaré en compañía de M. para ver salir el sol en su carita.

Viajaré lejos para encontrarme. Muy cerquita de M. para reencontrarnos.
En lo que a mí respecta, y ya que siempre me he estado yendo, seguro o al menos, debo haber recorrido tres mil quilómetros. Deberé hallar(me) paz, un poco al menos. Aunque un poco de infinito... es un montón.

M. está emocionadísimo. Voy a volar a los siete años, tengo mucha suerte no? (ha dicho con una sonrisa que envidiaría el mismo horizonte).

Y su amor me vale infinito, me ha puesto alas desde hace siete años, tengo mucha suerte no? (he dicho deseando que su inocencia me valga de combustible espiritual, siempre).

Con su permiso, Dioses. Sostengan en su palma al gigante en el cielo mientras M. y yo recorremos la ruta aérea, como he dicho, para reencontrarnos felices lejos de aquí, cerca el uno del otro.

Fly, baby, fly.
Make your mother sigh
She´s old enough to know better
(really?)

14 julio 2009

Vuelta e ida.

En la vuelta de la ida al autoexámen decido lo que sí y lo que no para empezar:

Mirar con mis propios ojos (sin permiso de los ajenos) y de ser necesario cambiar la mirada, la perspectiva.
No sólo mirar, alcanzar a VER (que no es lo mismo).
Eso sí.

Esperar con mis propias ansiedades.
Gritar con mi propio hastío.
Carecer de mis propias coherencias.
(Des)esperar mis esperas.
Desaparecer mis supervivencias.
Descreer mis añejos dogmas.
Esmerarme en la venida de mi futuro incierto.
Eso no. Ya fue (in)suficiente.

Desentenderme del pleonasmo, de la duda en espiral, la parálisis activa de mi rendición;
desestimar el hecho de durar en lugar de vivir.
Dejar de preguntarme ¿Qué quiero?, eludiendo de una vez la teoría, y comenzando la praxis (vaya pleonasmo nomás)...
... ello sin menospreciar la profilaxis del alma.

(Hay algo parecido al alcohol en gel para eso?)

Compro.


Sí, aunque ande un poco infectada de parálisis axial.

En el reconocimiento de mi nuevo período azul,
va amainando (ya no desenvainando).





07 julio 2009

Autoexamen

Resultado:
La puta que ando pesimista... autista, desprovista, masoquista,
y todos los adversarios terminados en "mente" (e ista).



Sin embargo,
a contramano del autoresultado,
y mientras se sostenga la autocalificación antedicha;

hasta que vuelva a encontrarme... nomás sonriendo,

que los dioses me lleven (y te lleven) en la palma de su mano

me cuenten un cuento a la noche,
cuiden mi sueño
y contengan de día mis lúcidas tropelías.


So be it.


05 julio 2009

La turbación...

...es que siento confusión, desorden, desconcierto... entonces (te) ataco.

No es justo. Saberlo y no quererlo pero hacerlo, tampoco me redime.

Desisto a destiempo y vuelvo en espiral al maldito remordimiento.

Mal dicho. Mal hecho. Predicho, entonces ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?
.

Revuelvo en mi conciencia y enseguidita vuelve el enano justo en medio del
pecho, justo cerquita del bobo y me toca bocina de ultrasonido.
Me quiebro las piernas después de la patada, certera e innecesariamente reiterativa.
Iterar la ofensiva no me hace mejor (¿lo sé?), pero me convierte en ésta que no quiero pero por momentos soy, lamentable-mente.

Cuál será la maldita y mal parida zanahoria que me lleva sin remedio ni enfermedad a descarrilar,
a alterarme el pulso e impedir siquiera la tendencia a la armonía que me había propuesto, que vivo proponiéndome. Hay un montón de zanahorias, pero yo como animal sin razón ni instinto de supervivencia, elijo siempre mal entre todas.

Qué desilusión me comprime la autoestima. Auto-estima. Mi "auto" anda conduciendo en piloto automático; a ciegas y sin límite en el velocímetro, la turbación es el árbol en el medio del camino. Y me estrello una y otra vez, y me lastimo y lastimo para luego querer curar las heridas con mi propia culpa, recetándome tiempo para reflexionar, y lo único que re-flexiono son las rodillas para pedir perdón.

En "eso
s" (por desgracia tantos y tan frecuentes) momentos no puedo parar, aunque Dante sostenga que se puede todo lo que se quiere, ya quisiera yo dejarme llevar por las obviedades en "esos" momentos de turbación.
Al fin y al cabo, Andrés, quien muchas veces tal vez la haya perdido, tantas veces tiene razón:

¿Cómo? ,¿cuándo? y ¿Por qué?
son demasiadas preguntas para hacerle al destino

a veces estamos finos y otras veces nada que ver
pues hay que caminar antes de empezar a correr.

La culpa es un invento muy poco generoso, y el tiempo tremendo invento sabandija, será que será suficiente con que uno elija, porque si no la buena fortuna pasa de largo