27 septiembre 2009

"No quiero ser una planta..."

Me dice S.

S. está distraída, y en el reconocimiento de su desorientación busca su espejo.
El patito feo siempre fue su cuento preferido de pequeñas (yo no aludía a ese recuerdo hasta que efectivamente, S. me lo recordó cuando le hablé de los destinos de cisne que una vez leí).

Haré mías las palabras de la bella bendita tamborilera y exquisita voz: dedico a S. el destino de cisne, ése que de manera sublime ha sido relatado por la chica que pasa.

S., hoy te encuentro menospreciada en la multitud de patos que en la andanada, pienso, no pueden reconocerte. No se deleitan con la lindura de tu alma (pobres), de la espesura del bosque de tus perspectivas, reflejo inequívoco de tu sabia inexactitud en la orientación, porque allá vas, S., desandando el camino para volver a andar uno nuevo, sólo te falta ver (un poco más, tal vez el otro costado), abrir tus ojos y dejar de huir en la estampida. Las piedras están, siempre están, y sino aparecen, sin aviso previo; pero tu mesura en la búsqueda, te premia con el bonus de ir saboreando el paisaje, y frente al obstáculo, disponer de energía para poder sortearlo. Mesura, no parálisis.
Sos tan inmensa....


"estuve haciendo un listado (estoy a full con eso) de todo lo que me gusta y no me gusta de;
* Familia

*Amigos
*Trabajo
*vocación
*Futuro
* S(u nombre completo)


Es un buen pasatiempo... A veces te hace despertar cuando andás medio dormida! A veces vivo la vida día a día en , y no me paro a ver que está pasando realmente. No quiero ser una planta, que 'mientras tenga agua y luz... sobrevive'."


No querés ser una planta, no lo sos seguro,

sos una maravilla del Ser humano;

pero suponiendo que lo fueras...

los almendros en flor (aún los de Vincent),

te envidiarían;

y los sauces en primavera, pugnarían por ser,

siquiera, la sombra de tu belleza.

20 septiembre 2009

Las cuerdas no me dejan cuerda.

.
Me gustan las cuerdas. Me gusta el sonido de las cuerdas.
Me gustan todos los instrumentos de cuerdas, me gusta su romance simbiótico con el diapasón y que éste las ame sin importarle si son gordas o flacas, me gusta que vibren y que, por transitividad, me hagan vibrar.

Descontaré a la voz como primigenia exponente de las cuerdas.
Si bien los intrumentos de cuerdas son varios y disfruto de todos, con todo mi respeto al piano, el arpa y la guitarra con toda su parentela (desde el charango hasta el tres); será al violín y su familia a quienes aludiré al referirme a las cuerdas secas, brindando al final por todos los otros en su existencia, y sin desestimar la primera oración del post, dedicada a toditos los instrumentos musicales de cuerda.

Algo así como una especie de hipnosis se arremete en mi ánimo cada vez que escucho alguna canción que tiene arreglos de cuerdas. Ni hablar si la canción está exclusivamente acompañada de esta fuente de vibraciones.

Escuchar Bach tocado en guitarra es algo que simplemente me arranca lágrimas de emoción, mucho más que la misma pieza tocada en un concierto Brandeburgués.
En mi primera adolescencia, el Tano de Caseros me regaló un repertorio sublime de Bach interpretado en una guitarra criolla destartalada... los acordes sonaban como una puesta de Sol en el Pacífico, y el telón de fondo era un asado en la casa de Pili, en Escobar, al lado de un fuego enorme y trasnochador.

Toquinho interpreta con su guitarra Allemande del mismo autor, escucharla me lleva invariablemente a lagrimear. Demás está decir que lagrimeo con una sonrisa y la cabeza levemente inclinada hacia cualquiera de mis costados.
Paseando por esos mismos pagos, considero que la versión de Mano a Mano que Caetano regala en Circuladô Vivo, con la inestimable voz del cantor (qué cuerdas, mamita -te ha dado-), más ese cello que le levanta la pollera y le gusta... es casi casi, entender por qué la puta que vale la pena estar vivo.

El rock y las cuerdas siempre han sabido amarse. Describir la cantidad de canciones que me han embelesado de sólo oír la intervención, siempre mejoradora, de un buen arreglo de éstas, sería una larga lista, y no tengo ganas de ponerme a pensar (los domingos no pienso, tampoco).

El folclore tiene un soberbio exponente en mi adorado Peteco, alquimista del violín. "Para un alma que se eleva" no puede hacer otra cosa con lo que sea que le asista... elevarla/o. Ni hablar de la romanza "Fortuna, Fama y Poder" éxtasis y vibración, en los oídos y el cuerpo.

Cada vez que escucho la interpretación que hizo el gran Peteco en Cielo (versión Chilinga de Heaven de los Stones), los pelos se me vuelven perpendiculares al cuerpo. A ello, debo agradecer al destino, o para ser precisos a los Viejos Dioses, haber conducido mi rumbo y presenciar la grabación de esa pieza. El marciano (de qué planeta viniste?), con su andar parsimonioso y su semblante ensimismado, entró al estudio, grabó dos tomas enteritas, de una, tocando el violín como un pefecto encantador de almas, y dejó al productor y a los cuatro afortunados presentes, ni más ni menos que babeando.
Siempre pensé: desafortunado mi amigo el productor, quien debió acarrear con el problemón de escoger entre una de las dos... cómo preferir una sin sentirse inmoral al descartar la otra. No quise estar en sus zapatos, ví su expresión vacilante; todavía debe estar dubitativo, y si la otra... (todos lo estamos). Los Viejos Dioses y todos quienes se deleitan escuchando esa exquisita versión, agradecidos de semejante ofrenda, Gurú, no se persigne más.
(Me es insoslyable comentar que el propio Richards la ha aprobado según nos fuera dicho, y yo lo creo sólo por el placer de sabernos aludidos por semejante hacedor de maravillas con sus cuerdas, las de su garganta y las de su guitarra).

Esos Unplugged que muchas veces aprovechan y sacan a bailar a las cuerdas en canciones que antes han ignorado, son más bellas, inexorablemente más bellas, sino, sin repetir y sin soplar, una que no.

Salud! Brindo cuerda por todas las cuerdas. Y la curda en la que me dejan cada vez que las escucho vibrar en sus armonías.

.

19 septiembre 2009

Escarabajos y ritmos.

(Beetle+beat=Beatle)
Lejos de una intención machacona, no puedo evitar escribir sobre el tema.
Viene envolviéndome (afortunadamente) una atmósfera Beatle desde hace algún tiempo.

Es noticia la remasterización de todos los discos de los cuatro de Liverpool. Está en los diarios (no miro tele pero calculo que algo habrá salido también), en la radio, programa que escucho, alude en algún momento a esta novedad.
Salgo del Subte y lo primero que veo colgado en el quiosco de diarios que siempre me avisa mirar mientras camino (y dejar de leer el libro andando por Florida) es un poster enorme que dice Abbey Road, y la mítica tapa del disco.
El Musimundo de la esquina de mi trabajo, tiene su vidriera invadida de laptops y promociones beatlenianas.
La primera vez que salimos, sin conocerme aún ni mucho menos mi amor por su música, viene a buscarme con un libro de regalo, que describe en su inicio (primera página y todo), una situación musicalizada por Norwegian Wood... y la historia alude constantemente a canciones de los Beatles.

Domingo pasado. La tarde me va despidiendo despacito, se yuxtapone con la noche, y cae del cielo mi brother (debo reconocer que suele caer de abajo para arriba él, me pesa bastante, pero esta vez seguro fue del cielo), y me dice: tengo algo para vos.
Y ahí nomás me chantó su mp3 , lo conectó a mi compu y me revoleó una avasallante ilegal bajada de la colección completa remasterizada de los Beatles.

Fue raro... me encantó la idea de tener toditos los discos en una misma carpeta, digital, y ya no dispersos entre mi habitación y la de M., unos por aquí otros por allá. Excelente metodología aplicada al paradigma de la velocidad en este siglo, aunque me gusta la ceremonia de la apertura de la caja (reconozco envidia en quienes pudieron sacar el disco del sobre de cartón tomarlo entre las dos manos y ponerle la púa), tomar el cd entre el índice en el agujero y el pulgar sin tocar "lo plateado", y digitar play con emoción.

Encontré armónicas que nunca había escuchado en los temas (y reconozco que los he desmenuzado, masticado despacito, deshaciendo cada instrumento para conocer su diálogo en la canción)... así también me llevé una tremenda desilusión cuando en la última parte de Happiness is a warm gun, esperaba los coros del final mientras Lennon vomita When I hold you, in my arm... Y NO ESTABAN!, me indigné! me sentía renga, me faltó el aire, fue rarísimo. Puteé al técnico remasterizador por su atropello a la sensibilidad mundial con la huelga de esas armonías (Bang bang, shup shup). Le hubiese hecho bang bang con un 38 sobre los dedos al momento de cortarlas, dejá eso ahí o te prendo fuego la mano, asesino!

Por suerte, desperté de la pesadilla cuando, volviendo a escuchar la canción al otro día, y habiéndome persignado en clave de Sol, descubrí que tenía uno de los parlantes mal conectado. Un mal momento, nada más. I could work it out.

No sé por qué, me deja una extraña sensación escuchar los discos tan... pulcros. Necesito lo añejo al momento de deleitarme con la música Beatle, necesito los ruidos, necesito lo que intuyo y no escucho, necesito seguir esmerándome buscando naturalmente cada voz en las armonías de sus voces, cada sublime encastre de su afinación, sus acordes rarísimos. Con ellos aprendí armonía, sin dudas. Con ellos entendí que lo clásico, no sólo implica un momento histórico de concepción de la música.

Poco me importa para qué cuernos sacaron y se esemeraron en estas reediciones, no es tema de mi incumbencia en este momento, pero evidentemente, el único hueco que cubrió esta colección, es el de los discos que me faltaba subir a la compu.
Las ganas de escucharlos, están intactas... desde hace 25 años de mi historia (y gracias a Mafalda), siempre aparecen intempestivamente, como los escarabajos de la arena, como los bellos ritmos.




Comentario afrodiano (adjetivo cyberinventado):
el mismo domingo,
mientras escuchaba She said she said,
justito él me llamó.
Nuestra historia está musicalizada por Beatles, sin duda,
y que, regalo al fin, deberé agradecerle a los dioses.

15 septiembre 2009

Chequeo

(tiempo después del Autoexámen).


En el invierno neonato, buscaba o esperaba (no como ahora) el madero que me realimente; pero estaba turbada, fuera de plano, aturdida, aburrida, endemoniada.

Su hermana primavera, en la última de sus nueve lunas de gestación, a punto de ser parida conforme a las andanzas del tiempo, caprichoso y vehemente andador sin pausa; me tiene ardiendo la llama, encendida y sonriententemente florecida...
No soy prematura, estoy felíz.

Como ha dicho el gran Pablo Picasso (gracias Sole),
la inspiración llega, pero tiene que encontrarte trabajando.

(Anduve trabajando: volando fui, me encontré con el Duende del Sur, y conmigo misma. Ahora con él... y las flores.)


Tené cuidado con lo que desees...

14 septiembre 2009

This boy...

(mis anécdotas beatlenianas con M.)


Una vez M. me hizo este dibujito, a los 3 años, y me dijo que era el Submarino amarillo, y yo nadando por arriba... Había visto la peli enterita en inglés, subtitulada... es increíble lo que pueden hacer los dibujitos y la buena música combinada. Yo, amante confesa de los fab four, me quedé dormida y él me despertó cuando aparecieron los títulos y me dijo: mami, terminó, la ponés de nuevo?.

El otro día, caminando de la mano por la calle, jugué una apuesta con M.
Yo: -Por cada canción que yo cante de los Beatles y vos puedas seguir (ergo, probar que conoce), tenés un punto. Cada punto vale...- (pensé)
M.: -Siete paquetes de figuritas. -
Yo: -Eh! siete no, pará un poco. Mmm... uno-.
M.: -Dos.-
Yo: -Pare de consumir! Ok, dos.-

Entré a tirar un repaso de canciones, desde Please Pleas Me, hasta St. Pepper... fueron alrededor de 20 canciones, facilongas y no... TODAS las conocía! ahí nomás me abordó una especie de bálsamo de felicidad y temor, a la vez, por mi bolsillo (cada paquetito me costará $1,50; no quiero volver a sacar la cuenta).

Una noche, mientras escuchaba Rubber Soul (siempre le pongo música de los Beatles al dormir, porque me dice que le hace desaparecer el miedo... ayyy! mi amor!) y al sonar I´m looking through you, me dice sin anestesia, "ésta es mi preferida". Volé. Qué revancha en el camino del camino con nuestros frutos, dándoles lo que nos hubiese gustado recibir.

Ayer a la noche, después del cuento, y mientras esperábamos al sueño después de contarle los miedos a un muñequito que, según una tradición guatemalteca (y gracias al regalo de Sole), los niños colocan debajo de su almohada y a la mañana siguiente el muñequito se lleva para siempre todos esos miedos; mientras sonaba Eleanor Rigby, M. me dice: Mami, sabías que esta canción sólo está tocada con violines? Pasmada todavía, con los ojos abiertos en la oscuridad, mirando mi propio desconcierto por jamás haberlo notado... le digo: cómo sabés? y M. en la antesala onírica, me dice: "yo conozco bien el sonido del violín, y acá lo escucho, y nada más. No escuchás?".

Inmediatamente después de que se durmió, escuché varias veces la canción.
No había escuchado. Inseguridad, lléveme. No estoy bien. Ya no estoy segura de nada, Eleanor Rigby sólo tiene violines como acompañamiento, nunca había reparado en eso. I should have known better...
I feel fine.

07 septiembre 2009

Díselo Rubencito


Escuchando mucho, pero mucho muchísimo el último disco de mi amado Blades, Cantares del Subdesarrollo, encuentro y me encuentro siempre en su música, y sobre todo en las palabras que en ella suenan como un instrumento más.

Esta vez me pasó algo curioso, cada vez que pico el disco para que comience a embelesarme (una y otra vez), en vez de arrancar el orden en la pista 1 (Las calles), arranca con el bonus de Símbolo. Melodía y coro inexorablemente encantadores (en el sentido más literal, de encantar, de adentrar al encanto, hechizo, magia), y escucho su pregón armonioso y agradecido a su tierra, su Panamá.

Cada vez que escucho cantar a Blades sobre su raíz, que es infinita y bien enterrada en su Pachamama, me aborda una especie de melancolía en relación a la inexistencia de un sentimiento, siquiera aproximado, con mi pacha.

Es cierto que toda mi primera juventud deseé el desarraigo profundamente, intenté irme, pero siempre me encontré volviendo de la ida... en otros "Tiempos" Rubén me llevaba por el Puente del "Mundo", mientras me decía Siempre estaremos aquí, aunque estemos lejos. Aquí es su tierra, hija de la madre América, e instantáneamente siento felicidad de la hermandad que me une él, americana, americano... sangre de mi tierra que me alivia mientras Aprendo y desaprendo al sufrimiento, y caigo pero vuelvo a levantarme.

Blades rotula "Símbolo" la identificación del amor por su país, por su gente y su idiosincrasia, amándolo, abrazándolo mientras, agradecido, pregona su entrega a través de la rima visceral al unísono con la música . Escuchándolo logro percibir la asociación subliminal de las palabras para producir emociones conscientes, concretas, propias del amor genuino (redundancia necesaria en este mundo de sentimientos adulterados).

La simbología de mi tierra, como dijera, hija de la misma mamá de Rubén, doña América, y por ello hermana de Panamá; tristemente debo reconocer que alguna vez inspire una cadencia de palabras similar a la de Blades.

Si bien reconozco que mi tierra es bella y concebida sobre dones que la naturaleza evidentemente le ha entregado con deferencia, además de haber parido maravillosos especímenes; al mismo tiempo, los otros especímenes, los execrables ejemplos del no ser, han convertido mi devoción en hastío, y desesperanzada asisto al derrumbe de la torre de Babel en la que se ha convertido la convivencia en mi país. No nos entendemos, no nos escuchamos, nos mentimos. Me siento aludida cuando Blades canta en su último disco, no sin elocuencia "barato un país portátil, con héroes falsificados, ideales hipotecados y total mediocridad. Oferta un país portátil, domesticado en engaños, se garantiza por años, la ausencia de honestidad".
.... pero...
por suerte, entre los maravillosos especímenes paridos, bailan al mismo compás que yo, personajes sublimes como M., mi amada familia, mis necesarios amigos, mis ahijados, los músicos queridos, conocidos y admirados, A., los tambores y todas sus derivaciones afro-hippies, los orichas, el tango, Xul Solar, Quinquela Martín, el río, el sauce de la esquina de mi casa (que es mío mío), el mar, el Sur, las ballenas, el Norte que estoy deseosa de conocer, el bar de Roberto, Misiones, las sierras, los eucaliptos de Villa Bosch, los atardeceres en el campo de Chiche y la terraza de M(i)el, los carnavales de Atalaya, San Telmo, el fondo de la casa de Luko y el del Poroto ...

ah no, sí sí, definitivamente, lo antedicho me cubrirá con su amor
como dice el gran Rubén.
Soy felíz entonces... todo para recordar(me)lo


Símbolo, que identifica la tierra. Lo que comenzó mi vida y que al partir me cubrirá.
Mi respeto va por dentro sin alardes. Mi cariño agradeciendo la promesa que nos das.
Por ti surge la esperanza, el sentimiento. La ilusión el argumento para hacerlos realidad.
Enfrentando al demagogo y sinvergüenza Que disfraza en tus colores la ambición de su maldad.

Símbolo de nuestra fe y de su historia. Conservando la memoria de lo que hubo y lo que habrá.
De mi tierra lo mas bueno representas. Toda el alma de la gente, de un país su identidad

Símbolo de la fe que hay en mi tierra
Símbolo que de amor me cubrirá.

Símbolo de la fe que hay en mi tierra
Símbolo mi canal de Panamá.
Me cubrirá
Mi canal de Panamá
En las buenas y en las malas voy con mi Panamá
(Y el canal de Panamá)
La tierra que me vio nacer qué me cubrirá después
me arropará como la manta que cuando yo tenía fiebre me ponía mi mamá
que me cubrirá, que te cubrirá que nos cubrirá
sobre la oscuridad
se puede!
adelante y sin miedo
pa que el joven el tiempo
que nos cubrirá con su amor
y escaño con su esperanza
Que nos cubrirá, a la familia de Panamá y a toda mi América.


02 septiembre 2009

Sangre en la cicatriz...

...ya no en la herida, sí en las venas.

Egoísta, fabulero, incoherente, zafio, deshonesto, inconstante, impertinente, abyecto, indecente, vacío, ignorante, fatuo, embustero, ordinario, mediocre, infame, vil,  miserable, mentiroso, inepto, detestable, NECIO.
Son los calificativos que intempestivamente se deshacen en mis dedos tipeadores al momento de mitigar la bronca, de aplacar la zozobra.

(Con un soplidito de alivio, alguna vez debía decirlo, después de 7 años mascullándolo, atragantada, silenciada en la tolerancia, motivada entonces sólo en el amor por él, lo único genuino que me quedó de vos. Y que tal vez algún día entienda el sentido de las palabras que te califican, y que dudo que vos
La ciberventilación libera, sin dudas).


Perdete de una buena vez, o al menos dejá de buscarme con esa maldita brújula que tenés apuntando constantemente al Norte de mi ánimo.

Nunca he sido de las personas que se pasman en la agresión, he emprendido la retirada en esas circunstancias, con prisa y sin pausa, siquiera para mirar si me siguen. No me importa si seguís detrás mío gritando e intentando hacerme daño, te dejo atrás sin vueltas, de nada.

Como he leído alguna vez de alguien muy coherente y mágico sin temor a ser (en las antípodas de tu personalidad), te deseo no menos que un buen par de hemorroides, permanentes, para siempre.

Sin embargo, luego de intentar desahogar un poco la bolsa de mierda que me revoleás (eso hace la gente de mierda como vos, sorete), cada vez que ineludiblemente debo asistir a tu presencia; bienvenido a ésta, la ceremonia de culminación de mi atención hacia vos, rayana con el hastío.

Y aludo al deber, porque es lo único que condiciona mi permanencia en la órbita de tu existencia, en la maternidad cuando no el matriarcado que en tu propia dejadez hacés de mi género; además del saldo que debo estar pagando en ésta, por las desventuras de mi/s vida/s pasada/s y consolándome la presunción de estar cumpliendo con mi deuda eventual nomás... de lo contrario no entiendo la burla del destino en el incidente de tu subsistencia en la mía, por no (o sí) decir que sos un gancho que lo único que hace es lastimarme, hondo, en la carne (de mi carne también), ser humano ruin.

De ninguna manera voy a permitir que me desvíes la atención, en el camino que ando certera en la intuición de haber escogido bien.

Acá termina mi paciencia, mi desahogo. Acá comienza mi libertad.
Entonces, ahora te deseo lo mejor, de corazón y sinceramente (tal vez así, desde el comienzo del fin de tu infelicidad e insatisfacción constante, dejes de hincharme las pelotas).

Nunca te olvides que los Dioses están complacidos conmigo en la palma de su mano, librándome de todo mal, sobre todo de vos.

Fin. Punto y apar(ta)te.