Me gustan las cuerdas. Me gusta el sonido de las cuerdas.
Me gustan todos los instrumentos de cuerdas, me gusta su romance simbiótico con el diapasón y que éste las ame sin importarle si son gordas o flacas, me gusta que vibren y que, por transitividad, me hagan vibrar.
Descontaré a la voz como primigenia exponente de las cuerdas.
Si bien los intrumentos de cuerdas son varios y disf
ruto de todos, con todo mi respeto al piano, el arpa y la guitarra con toda su parentela (desde el charango hasta el tres); será al violín y su familia a quienes aludiré al referirme a las cuerdas secas, brindando al final por todos los otros en su existencia, y sin desestimar la primera oración del post, dedicada a toditos los instrumentos musicales de cuerda.Algo así como una especie de hipnosis se arremete en mi ánimo cada vez que escucho alguna canción que tiene arreglos de cuerdas. Ni hablar si la canción está exclusivamente acompañada de esta fuente de vibraciones.
Escuchar Bach tocado en guitarra es algo que simplemente me arranca lágrimas de emoción, mucho más que la misma pieza tocada en un concierto Brandeburgués.
En mi primera adolescencia, el Tano de Caseros me regaló un repertorio sublime de Bach interpretado en una guitarra criolla destartalada... los acordes sonaban como una puesta de Sol en el Pacífico, y el telón de fondo era un asado en la casa de Pili, en Escobar, al lado de un fuego enorme y trasnochador.
Toquinho interpreta con su guitarra Allemande del mismo autor, escucharla me lleva invariablemente a lagrimear. Demás está decir que lagrimeo con una sonrisa y la cabeza levemente inclinada hacia cualquiera de mis costados.
Paseando por esos mismos pagos, considero que la versión de Mano a Mano que Caetano regala en Circuladô Vivo, con la inestimable voz del cantor (qué cuerdas, mamita -te ha dado-), más ese cello que le levanta la pollera y le gusta... es casi casi, entender por qué la puta que vale la pena estar vivo.
El rock y las cuerdas siempre han sabido amarse. Describir la cantidad de canciones que me han embelesado de sólo oír la intervención, siempre mejoradora, de un buen arreglo de éstas, sería una larga lista, y no tengo ganas de ponerme a pensar (los domingos no pienso, tampoco).
El folclore tiene un soberbio exponente en mi adorado Peteco, alquimista del violín. "Para un alma que se eleva" no puede hacer otra cosa con lo que sea que le asista... elevarla/o. Ni hablar de la romanza "Fortuna, Fama y Poder" éxtasis y vibración, en los oídos y el cuerpo.
Cada vez que escucho la interpretación que hizo el gran Peteco en Cielo (versión Chilinga de Heaven de los Stones), los pelos se me vuelven perpendiculares al cuerpo. A ello, debo agradecer al destino, o para ser precisos a los Viejos Dioses, haber conducido mi rumbo y presenciar la grabación de esa pieza. El marciano (de qué planeta viniste?), con su andar parsimonioso y su semblante ensimismado, entró al estudio, grabó dos tomas enteritas, de una, tocando el violín como un pefecto encantador de almas, y dejó al productor y a los cuatro afortunados presentes, ni más ni menos que babeando.
Siempre pensé: desafortunado mi amigo el productor, quien debió acarrear con el problemón de escoger entre una de las dos... cómo preferir una sin sentirse inmoral al descartar la otra. No quise estar en sus zapatos, ví su expresión vacilante; todavía debe estar dubitativo, y si la otra... (todos lo estamos). Los Viejos Dioses y todos quienes se deleitan escuchando esa exquisita versión, agradecidos de semejante ofrenda, Gurú, no se persigne más.
(Me es insoslyable comentar que el propio Richards la ha aprobado según nos fuera dicho, y yo lo creo sólo por el placer de sabernos aludidos por semejante hacedor de maravillas con sus cuerdas, las de su garganta y las de su guitarra).
Esos Unplugged que muchas veces aprovechan y sacan a bailar a las cuerdas en canciones que antes han ignorado, son más bellas, inexorablemente más bellas, sino, sin repetir y sin soplar, una que no.
Salud! Brindo cuerda por todas las cuerdas. Y la curda en la que me dejan cada vez que las escucho vibrar en sus armonías.
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los conciertos brandeburgueses, cualquiera sea su numero, son increibles!
ResponderEliminaraparicio aguaribay.
Increíbles, y por suerte, bastantes. Como los instrumentos de cuerda.
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