25 abril 2009

la verdad mentira (paráfrasis reinterpretativa)

Me quedé pensando desde el post anterior en la mentira... indagué aún más en mis cavilaciones, y descubrí que no es lo mismo mentir que engañar, o mejor dicho: la mentira es una de las instancias del engaño... aunque a priori se los encuentre juntos en cualquier definición, incluso se los piense como sinónimos.

El engaño es a todas luces mucho más doloroso que la mentira, a secas... la mentira puede ser nimia, pasajera, además de improvisada en la mayoría de los casos; mientras que el engaño es premeditado, implica una elaboración previa que, como ingrediente excluyente, necesita inducir al engañado a través de mentira/s a participar sin quererlo en la falacia.

La mentira compulsa, a veces, el engaño; pero este último siempre redunda en la mala intención, ergo, nadie engaña sin querer.

(No hablo de llevar a un amigo "engañado" a su fiesta sorpresa, donde mentimos una causa para propiciar el engaño que complazca el efecto que es la sorpresa y la alegría del protagonista.)

Ya he sostenido que una mentira viola el acuerdo tácito existente en cualquier vínculo y lo desnaturaliza, mediata o inmediatamente tiende a diluirlo.

Pienso... que el engaño es la prueba fehaciente de que el vínculo nunca fue genuino, al menos desde la perspectiva del engañador.
No teníamos un acuerdo, o sí, pero tu compromiso fue fingido.

Podemos mentir por ingenuidad, por descuido, por temor, por amor; pero al engañar nos estamos sincerando acerca de la inexistencia de nuestra vinculación al menos. La mentira tiene matices, y aún así no deja de ser mentira, pero el engaño siempre implica la traición en el sentido más doloroso, siempre doloroso.

El efecto de la mentira puede ser digerido, puede superarse más tarde o más temprano, tal vez..., el engaño siempre te hiere, y la cicatriz es para siempre, no hay cirugía que la repare.

Brindo con (no por) quienes mienten en los matices más livianos.
No brindo por ni con quienes engañan.
Quienes son compadritos del engaño merecen mi más inmediato recelo; lisa y llanamente la más urgente de mis huidas.



(Ah, sí. Y vos que me engañaste, desde la llegada de mi huida, me gustaría ver que te vayas a la reputísima madre que te parió)

19 abril 2009

Mentira la verdad


Mentiras, mentiritas piadosas, faltas a la verdad, verdades a medias...
Quién puede admitir sinceramente que nunca dijo una mentira en su vida? (además de un mentiroso).

Estuve al borde de un colapso cuando, en una situación irrelevante a la idea, me vi forzada de decir una mentira para no admitir la verdad frente a alguien que yo no quería que supiese tal verdad.

Omitir no es mentir, eso es seguro... podría haber derivado la pregunta (o el comentario mejor dicho), e intentar apelar a uno de mis mayores repelentes de personas non gratas: desviar la conversa hacia las antípodas del tema convocante con mi interlocutora y finalizarlo con un "en fin" o salir patinando por la tangente con alguna otra verdad de perogrullo. Pero no: dije la cruda falacia, sin anestesia, y muy bien adornada para disfrazar su calaña.

No me gustan los mentirosos, no los respeto ni los espero.

Y sin embargo, en el convencimiento que la vida tiene grises, hago mis excepciones. Quiero inmensamente a varias personas que sé son mentirosas en muchos aspectos de su vida, pero que no me involucran más que como espectadora de la situación que devino el embuste, es decir, no mienten conmigo (no pueden, no quieren, a veces ambas) sino que me cuentan la patraña. Eso me vuelve connivente con la mentira?.

Es exactamente en este punto donde me veo peleando con mis propios demonios moralines, o al menos, existenciales acerca del ser y hacer. Soy por convicción opositora de la falta de verdad como sinónimo de la mentira aunque de esto tampoco estoy segura, ni de ser "tan" opositora (porque digo mis mentiras -mentiritas- por supuesto), ni que faltar a la verdad sea en realidad "tan" sinónimo de mentir (me sea permitida esta expresión, Pablo Damián, un gran honesto brutal, me dijo que en la ueb todo se puede).

Las mentiras nos rodean como la humedad de esta ciudad. Nadie está ajeno a que le mientan.

-Cuando él me dijo que me amaba le creí, pero no salí ilesa de mi credulidad.

-Me prometió venir a buscarme en diez meses, y nunca volvió. Eso me duele todavía. (Mentira la tristeza cuando empieza, mentira no se va...).

-Cuando habla un político, miente en la mayoría de los casos. Ya no le creo a ninguno. Qué pena.

-Cuando era chiquita me dijeron que mi hermana, la menor de todos, nos había traído un regalo a cada uno, el que recogimos debajo de la cama del hospital donde estaba mía mai parturienta, en un concilio aplacador de egos fraternales que dio inmejorables resultados: creí absolutamente que esa cocinita vino de la panza de mi mamá con mi hermana, el patito de S. y el scalectric de mi bro., todo junto; y de inmediato desestimé mis celos para dar paso al encanto (y en rigor de verdad, a mis celos por el patito de S. que también quería yo, obvio... iba a omitir este detalle, decíamos ut supra que ocultar no es mentir, no?).

-Dejé de comerme instantáneamente las uñas cuando me fue dicho que se me iba a hacer una piedra en el estómago. Me imaginé con terror la bola de uñitas en mi panza cual madeja de mi propio cartílago y la náusea fue automática.

Ordinary lies, let´s take a look
:
Nos vemos (mentira, no sé cuándo nos vamos a volver a ver, y poco me interesa).
Te llamo (olvidate, el teléfono funciona bien, ni lo intentes).
Que no se corte en Buenos Aires (si tenemos suerte nos reencontramos en Facebook).
Te llamé (no vuelvas a intentarlo).
No recibiste mi mensaje? (revisar es un dispendio absoluto de batería).
Me siento mal (por mentir tanto, seguí durmiendo sin culpa).
Te queda divino (salí ya mismo de ese harapo).
Qué bueno (siete kilos de ruda).
Qué envidia sana (mentira, la envidia nunca es sana).

Si decís mentiras te va a crecer la nariz como a Pinocho (y desde cuando lo que pasa en los cartoons es verosímil?).


Pocas cosas duelen tanto como la desilusión de una mentira... inesperada, que te lastima, que percute a masazos en tu confianza, que violenta el consenso implícito existente en el vínculo con alguien, cualquiera sea la naturaleza del mismo y descontando que ese vínculo sea en esencia genuino (y no de mentira). A esta altura de mi vida, nunca física (sería ilusorio), sí tal vez "fisiolosfóficas", gracias a la experiencia transmitida del señor JLB, he aprendido -también-"...que la mentira se pone en contra de quien la inventa."

Cuánto nos decepciona esa mentira que, desde su propia génesis falaz, termina recibiéndose de verdad con honores y doctorado en patraña.

...Mentira no se borra
Mentira no se olvida
Mentira, la mentira
Mentira cuando llega
Mentira nunca se va...
Todo es mentira en este mundo
Todo es mentira la verdad
todo es mentira yo me digo
Todo es mentira ¿Por qué será?

15 abril 2009

Magnífica habitante del torreón

Sólo basta ver un momento a Malena para entender, si fuera preciso, por qué ese pedazo de sol te encandila automáticamente.

Malena es un pequeño ser inmenso, que chapotea en tu ánimo sin pedir permiso y te imprime una sonrisa sin importarle cuál sea tu voluntad. SU voluntad, sin siquiera darse cuenta, es darte alegría, de esa que te llena el alma, y de las otras también.

Malena tiene destino onomástico de magnífica habitante de tu vida, como la vista desde la torre de un faro, arremete con tu ánimo y todo lo transforma en algo maravilloso.

Malena baila y es princesa de cuento, es hawaiana por elección y convicción, siendo su perspectiva absoluta e irrefutable. Malena no pregunta, acciona... no oye, escucha y contesta "ajá" con retórica. Mahalo por tu atención, princesita.

Cuando ves reír a Malena comprendés que la vida tenía sentido, además, gracias a ella.

Quién osaría esquivarle la risa de miel, el peinado de sus manitos acariciando tu pelo, dejándote más linda, por dentro y por fuera. Es como el olor de la mañana en las sierras, es una canción de León, una melodía de Lennon, una verdad de Marley.

Es un torbellino y a la vez una tarde de verano en la montaña, es un juego divertidísimo, una obra de títeres, un beso de buenos días, una plaza; es el cuento que querías escuchar y te leen en la cama hasta quedarte dormida.

Malena y su mamá son como el sol de la mañana. Yo no uso protección solar contra estos soles, me entrego entera a su sonrisa, sus ocurrencias, su cariño, su abrazo... y que ardan mis epitelios.
Lo bien que hago.
Amén.

13 abril 2009

Pugna de velocidad

Sincero mi conciencia:
corro sin huella,
gravitando sobre la existencia,
corro para atrás
corro de costado
corro sin mirar, corro ciega...
no veo, es por eso.
Dejo atrás lo que no sé,
pero cuando no sé me paralizo,
y lo pendiente me atormenta,
mientras, corro.
Corro por las dudas,
corro para no pensar en lo que no sé,
corro para dejar lo pendiente atrás,
pero no resuelvo,
me revuelvo y devengo en pendencias.
Como un tornado sin viento, sin motivo.
Corro a las palabras y las corro de lugar.
Reboto entre mis propios bordes,
exhausta, y sin embargo no paro.
Corro y olvido.
Corro y río.
A veces no sé correrme de la mira.
No entiendo todavía
para qué corro,
a quién,
a dónde,
por qué.
Para alcanzar.
A mí misma.
Llegar a ningún lado.
Porque sí.

Y si en algún momento logro quedarme quieta...
(So)corro.

08 abril 2009

Amores perros

M. gusta mucho de ir a la plaza, ya lo he comentado, sobre todo porque yo disfruto mucho más que él de ese convite.

Un día como tantos, fuimos a una que está un poco más lejos de casa que la plaza "de siempre".
Volvíamos, yo caminando y él pedaleando mientras aprendíamos, él a cruzar la calle en la bici y yo a soltarlo. Habíamos hecho una de las diez cuadras que debíamos cuando ganas inesperadas de "lo segundo" lo invadieron de repente en plena vuelta.

M. pedaleaba reprimiendo el apremio flagrante de su esfínter con un gesto de angustia, torciendo las cejas y apretando los dientes, acompañado por el ruido monocorde de las vueltitas rápidas de la cadena de su bici.

Su cara ilustraba a todas luces una intención que no era, en lo más mínimo, la de andar derrapando actos escatológicos en plena calle; ello agravado con el hecho de ser la suya, LA edad del florecimiento del pudor.

Cuatro cuadras antes de llegar a casa, y testigo de su padecimiento, le sugiero que vaya detrás de un arbolito (justo en una esquina, yo también...) y liberara a su esfínter de semejante tortura.

Bajándose de la bici y apretándose la retaguardia para impedir que su inminente amigo del interior llegue en un momento por demás inoportuno, me contesta con un hilo de voz caminando pacitos cortos en círculo:

No se puede hacer caca en los árboles las personas (sic), porque son las reglas del país. Los perros sí pueden porque no entienden nuestro lenguaje. Qué suerte que tienen los perros!.

Qué suerte que tienen los perros.
Qué suerte que M. me instruye permanentemente.
Qué suerte que esto de andar cyberventilando sea mi mejor machete en la instrucción.

06 abril 2009

La repetición


Caí en sus fauces otra vez.
Dèjá-vu.

Desde la última vez, que siempre es la última, sus garras no habían vuelto a arañar mi voluntad de tenerlo domesticado, la que sin dudas logré defender durante años con una esmerada represión del impulso. Pero las fieras no se domestican. Y tampoco se auto-reprimen.

En aquella película decía el maestro que la repetición es sinónimo de la no evolución, ergo, involuciono cada vez que caigo en sus fauces otra vez, animal. Nunca logré domesticarlo, ni con el manual del Principito aplicado al que he acudido en innumerables noches de lectura a M.

Qué ser animal, qué instinto humano el mío al chocar dos (mil) veces con la misma piedra.

Aparece y desaparece al mismo tiempo, diciéndome las cosas que me gusta oírle decir parafraseando las que detesto cuando se está yendo siempre, todo al unísono.

Desestimo su adiós tardío, el que nunca llega mientras descansa en mi abrazo, pero que inexorablemente me despierta cada día.

Ahora mismo me estoy yendo a sus fauces otra vez. Me estoy yendo pero vuelvo siempre. Y vuelo también. Y caigo luego, sólo después...

Qué voy a hacer conmigo después del después.

Juntaré mis pedazos y me armaré otra nueva, otra vez... y otra nueva vez la misma, porque en la repetición me meto solita en sus fauces sin que me asuste su mordida, qué miedo. Me mastica sin dientes y me escupe otra vez al mismo lugar.

J.L.B. decía de manera sublime en 1964 que ya no es mágico el mundo, te han dejado. Yo me pregunto todo el tiempo en qué se convierte el mundo cuando uno no puede dejar que lo dejen. O admitir que te devoren para sentirte inexorablemente dejado.

No se da por vencido, siempre me vence.

Nunca permite que me vaya del todo... ni me da todo...
sólo me traga a su paso, siempre fugaz, como sus garras insaciables.


Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.





PS. Carne condimentadísima de diván.

05 abril 2009

Una más y van...

Qué es lo que falta cuando en teoría no faltaba nada?
El problema no es lo que pasa, es lo que no pasa cuando se vive carne y uña con el pesimismo...
Siento tanto tener que sentirlo tanto, vivir dándole el pésame a mi ilusión.
Sólo por hoy decidí cambiar el enfoque, sólo por hoy, y así será cada día.
Me persigno de mi misma cuando vuelo en un optimimso falaz.
Entendí que las personas no cambian, es nuestra perspectiva la que nos ayuda a modificar el paradigma bajo el cual se se suceden los enlaces de un vínculo, y al mismo tiempo el frenesí que nos desvincula.
Alivio, eso es lo que necesito, y paz para reconocerlo.


02 abril 2009

de mí para mí

Existe algo en mí que debió ser una ilusión,

un espejismo alado, un ave que nunca existió.

Un mundo sin solución está comiendo de mí,

devorándome, está esta verdad incómoda,

entibiando mi razón, enfriando mi percepción

volviéndome impermeable, haciéndome reciclable

a emociones,

a quien quiero pero no soy.

(Turner lo ha pintado clarito...


Y corro hasta caerme en el mismo lugar,

el principio y el fin es el mismo,

Estoy estancada.

Ahora yo me digo a mí, gris azulado:

Yo te veo azul apagado,

sin brillo, sin sol, sin ser;

con la risa desfallecida, agonizando en gotas de sal en lluvia ácida,

que te empapa el aura.

Lluvia que te está desgarrando,

algo; mucho por dentro, muy adentro.

Y gritás sin voz hasta quedarte muda, sola, desnuda.

Y gritás, saltás rompiendo la ventana pensando

¿Serás azul? o te pintaste de negro

en la ciudad invisible,

volviéndote corregible;

el pantano que petrifica almas vacías te está moldeando a su sucia y perfecta

imagen, frívola y voraz. Como su apetito,

como su posible encanto, ambiguo como

tu presente, tal vez como tu mañana.

Si supieras distinguirlo.

Siendo de todos y de nadie a la vez.

Sos tuya y tampoco más.

Cuando despertás...

Cuando despiertes quizás todo pase.

O no. Quizás.

Y saltás,

saltás no demasiado alto, pero saltás

a abismos siniestros, hermosos, malditos.

Poseída por una libertad parcial

que te juzga en los sueños.

Poseída por una entereza derretida

por un fuego azul, rojo; por una esencia

sin aroma, dormida.

Azul. Azul te llamaron.

Azules son tus ojos,

aunque cambien de color,

como el sol,

como el viento que desdibuja tus formas y te desconoce corpórea,

mientras sabías cómo volar,

mientras las aves te envidiaban. y Rothko azul...)

Y corrés, gritás, saltás

siempre llorando un luto ciclotímico,

ecléctico por tu yo y por tu no.

Y por tu sí y por tu interrogación chica,

solitaria, vagabunda de amor,

perdida en pensamientos sobre lo que

soñás y no.

Te cuesta tan poco pensar

y tanto vibrar el mínimo sismo sensorial...

Así, mirando el reloj vivís la vida de una aguja,

que marca las horas y contempla su pajar;

sintiendo ajeno todo lo que te rodea,

hasta lo que más te pertenece.

Las sonrisas ya no fluyen naturalmente,

se trazan dificultosamente.

Las sonrisas ya no son infinitas,

las sonreís en pequeñas donaciones

de libertad a medias, parcial siempre.

Cuánto está costándote sonreír.

Porque siempre estás llorando

montones de gritos por dentro.

Y te desesperás por hallarte

en lo más simple porque te sentís deshecha.

Las manos te tiemblan,

tus piernas se desdoblan,

caés de rodillas frente a ningún Dios

porque ni siquiera eso.

¿Qué va a ser de tu paz?

¿De quién vas a escuchar las voces?

¿Dónde las vas a esperar?

¿Qué palabras vas a escuchar? ¿Y a pronunciar?

¿Podrás hablar? ¿Podrás volar?

¿Sabrás llorar? ¿Querrás amar?

¿Sabrás temer?

¿Intentarás creer? ¿y entender?

¿Alcanzarás a VER? O sólo a mirar?

¿Seguirás ausente?

¿Te sentirás sin presente en un futuro desarmado?

¿Qué va a pasar con tu inspiración, tu motivación?

¿Estallarán tus ojos, tus oídos, tus palabras?

¿Se abrirán tus brazos?

¿Corregirás la lógica inducción a todo?


Hace poco, algo motivaba tus días

y ahora sólo los mirás transcurrir,

detrás de antifaces y virtudes

mutantes y desobedientes.

Qué pasó con tu inmortalidad zodiacal que todo lo podía.

Cuánto hace que no intentás domesticar a los astros.

Me pregunto simplemente,

cómo es que tu mirada está perdiendo el color,

o desluciéndose, siempre deshaciéndote

y rehaciéndote en emparches.

¿Quiénes te han visto?

¿Cuántos son?

Todos compran, nadie vende.

Todos más.

Y el Universo entero se te ríe,

el real y el irreal.

Y vos estás tan empequeñecida

en una tormenta que sale de sus límites.

Porque ya no coloreás las miradas,

tu menoscabo destiñe hasta los mares más verdes.

Ya no sos más.

Dejaste de existir y, mientras, seguís viviendo.

Dejaste un hueco y no existe el Dios que lo llene.

El tuyo te abandonó.

Mensajes indescifrables, en botellas de cartón,

traerán, puede ser, una respuesta

alguna noche suicida de ánimo.

¿Como hoy, quizás?

Como cualquiera de éstas,

buscando alguien dentro mío,

intentando ser optimista (?).

Bendita tú eres.


Una vez superado el hastío, llega el momento de la reflexión.
Ya se sabe que ando noviando con la soledad últimamente, pero pensando un poquito (sólo un poquito), debo reconocer que la vida me quiere, y me lo demuestra constantemente. Por ejemplo, debo admitir que me ha premiado de varias maneras, con regalos que perduran en el tiempo, que me acompañan y me protegen de la soledad, por sobre todas las cosas.

La amistad de mis amigos es uno de los grandes, inmensos obsequios que me ha sido entregado, mereciéndolo o no (eso será tema de la próxima reflexión parida del hartazgo). -Léase, digo obsequios, y no premio, por qué? se lo comentaría a mi analista cuando se vuelva vegetariano, porque todavía lo veo caníbal desde el post anterior-.

Definitivamente creo que hay una diferencia abismal entre tener amigos y amistades.

Una tiene muchas amistades, pero AMIGOS... sólo aquellos en los que uno piensa en acudir con prisa y sin pausa cuando el suceso de turno nos enciende o nos apaga, pocos. Y me pregunto por qué uno piensa en acudir a ellos? Porque los acontecimientos nos fuerzan de manera inexorable a buscar la complicidad de su goce o de su padecimiento con quienes nos completan, según sea.

El tema que me convoca es el de mis amigas, aunque tengo amigos del sexo masculino, y al ser la naturaleza de éstos últimos bastante cuestionada porque no ha sido comprobada científicamente la nobleza de su esencia (se darían o no se darían), no abundaré por el momento en ellOs, sino en ellAs, una vez que se supera el instinto animal de vencer al más débil; es de eso justamente de lo que NO se trata entre nosotras cuando nos queremos de verdad.

Tengo amigas que no todas son amigas entre ellas, pero todas se han conocido entre sí por mí, es decir, lo único que ha podido unirlas soy yo (salvo M y J que ya se conocían). Sus personalidades se encuentran en las antípodas unas de las otras. Unas más cerca de un extremo que del otro, pero diametralemente opuestas, y sin embargo todas ellas han sabido quererme y contenerme de manera irreprochable, mejor que bien.

Las amigas no se eligen, se encuentran sin buscarlas en los momentos en los que una comete la osadía de sentirse sola. Si ellas están, por qué debería una sentir soledad? Miramos hacia el lado equivocado, el vaso medio vacío?

Encuentro entre ellas a la casada con hijo, la noviera irremediable, la noviera conflictiva, la soltera sin ambages, la adorable fashion top, todas muy muy amigas, y con todas, además de la complicidad de género, tengo la dicha de sentir el amor más profundo, la inequívoca sensación de protección, la fortaleza para superar los malos momentos, la palabra que me alienta en la mudez de la tristeza (cuando estoy triste tiendo al hermetismo, lo sé, me aborda un silencio deliberado y persistente, todas me lo han dicho, no reprochado).

Mis amigas se ríen conmigo y de mí porque les doy múltiples motivos (y soy pésima contando chistes, ellas también lo saben).

Adoro a cada una de ellas, las quiero con el alma sin caer en eufemismos por esto, no es una mera generalización, es la descripción hecha de lo que generan en mí.
C, M, M, L y J son, en sus respectivos mundos porque cada una de ellas es un mundo increíble y maravilloso para mí, irremplazables en el mío. Son mis AMIGAS, son SERES especiales en mi vida, las quiero, las protejo, las pienso, las admiro, las extraño, las disfruto, las cuido. Son infinita belleza, como un atardecer en el mar, como tener el sol entre los dedos.

Mis amigas me sostienen, me alientan, me empujan y me retienen con sabiduría de AMIGA. Todas cometen errores, todas tienen problemas en sus vidas, como sea que la lleven y las lleve, pero todas siguen recorriendo el camino conmigo. Con ellas no dudo en decir siempre, nunca.

Qué mujer puede sentir soledad cuando se tiene buenas amigas:
Me abren su corazón.
Celebran mis logros, persuaden mi dubitación según su criterio, que por cierto siempre respeto aún cuando no lo comparta.
Recogen los pedazos cuando se me rompe el corazón y arman el rompecabezas de mi ánimo.
Me buscan. Me respetan. Me sonríen. Me guían. Me hacen reir. Me consultan. Me abrazan. Me aconsejan.
Me preceden para atajarme.
Me llevan de la mano cuando me pierdo.
Nunca son objetivas, porque siempre buscan mi superación. Menos mal (literalmente), para lo demás están los demás.
Sin dudas me completan.

Será que me las merezco, son un inmenso motivo para ser optimista en la elección, voy bien. Este es el camino, qué alivio recorrerlo con ellas a mi lado. Qué placer más dulce.

Brindo por ellas, y con cada una de ellas.

Salud! para todas ellas y para todas las buenas amigas. Siempre.


01 abril 2009

Catarsis vehemente

Sólo por hoy.
Estoy un poco harta.
Harta de mí misma, harta de mis miedos y cavilaciones.
Qué es eso de andar sufriendo por adelantado, maldita pésima costumbre que acarreo como si fuese inherente a mi esencia; y eso que últimamente a veces (sólo a veces) logro atenuar un poco el ritmo cardíaco de la predicción de la angustia, inminente y falaz.
Estoy un poco harta, por no decir desorientada en mis propios pensamientos.
Siento la falta de emociones todo el tiempo, y me empieza a hacer ruido.
Además le vengo perdiendo entusiasmo a la posibilidad, aunque remota, de sentir amor, digo, amor “del otro” porque sí siento el amor genuino, privilegio si los hay, de la carne de mi carne, para arriba y para abajo del árbol genealógico.
Por momentos me asalta el preludio dantesco de esta tristeza de andar viviendo en el deseo sin esperanza.
Ojeras en mi mirada, no en mi cara que no logro reconocerla, o sí, con el cansancio de este paroxismo depresivo y absurdo.
Es la carestía de pasión flagrante y molesta.
Me jode, me empieza a boicotear la sensibilidad.
Ah, y estoy torpe. Conmigo, con los demás, con vos alrededor.
También estoy un poco harta de estar harta y de arrogarme la certeza de pasarme las eventuales y nimias cosas que me suceden, sólo a mí.
A veces no me soporto, otras simplemente me cansa la intención de ser ubicua.
Estoy peleada con mi esencia, porque no me entiendo, ergo, me niego.
Todos los días, me levanto apurada, en un síncope horario que no me habilita la mínima posibilidad de disfrutar las horas que estén por venir, eventualmente.
Ces´t la vi, pero no quería que fuese la mía, así no. Sólo por hoy, por hoy basta.