28 junio 2009

Derrapando emociones al pedo

En lugar de decir que no, dije que sí y nos vimos otra vez, como tantas otras, como tantas no.
Desde hace años nos encontramos para entender por qué no estamos juntos, o al menos buscar razones fácticas fuera de nuestra propia (ir)responsabilidad.

Y yo te dije que evidentemente(?) siempre nos vimos a destiempo:
vos me buscabas cuando yo solamente quería perderme,
después te busqué (y te encontré) cuando te estabas yendo,
luego volviste y jugamos a ver qué pasaba y te volviste a ir,
al tiempo viniste a buscarme (otra vez) cuando el mundo dejó de ser el que era para mí, y el dolor infinito me abrazó siendo la única compañía que reconocía.
Y te fuiste para nunca más volver,
pero volviste, me contaste lo distinto que eras ahora, y desaparecimos otra vez.

Hoy me buscás para seguir indagando en tu propia inacción, en la desesperación de la ausencia del anhelo, con la sonrisa triste y vacía de contenido.

Hablando de los proyectos me sentí subrepticiamente una dictadora en la opinión, con un discurso lleno de falacias, ni siquiera utopías (porque ni eso); mientras me exponías la proyección de todos los tuyos, sin repetir y sin soplar, diciendo domingo! en los momentos en los que yo había irrumpido en el proceso de cada uno ellos y su posterior concreción, aún con el dolor de haberte debilitado en la acción.

Seguidamente argumenté que los proyectos pueden involucrar personas, pero que uno no puede hacer a la inversa, involucrarse con las personas como proyecto. Ahí nomás me miraste con esos mismos ojos a pura dilección, como si estuviera yo en un púlpito, y me rozaste con temor la mejilla, eludiendo la intermisión que te pedía el autocontrol en el arrojo, rayano con la censura.

No puedo dejar de reconocer que supe de tu amor durante muchos años... amor solapado en mi reacción; y que con plena conciencia y deliberada intención lo disfrutó mi ego con su panza llena (no olvides que siempre creí que podía domesticar a los astros); y así, con excusas artificiosas busqué deliberadamente eludir tu entrega.

Pensando en nosotros, me encuentro por analogía en la situación del eclipse. Soy el Sol, él es mi regente, o así lo dice la lectura del mapa del cielo el día que nací. Vos fuiste mi Luna. Buscánome, abordándome, cubriéndome, dejándome...siempre con los pies bien en la Ttierra, siempre desde esa perspectiva. Qué pena. No supimos, no quisimos.

Volviendo al presente, mirando el horizonte, entonces para qué el reencuentro? para buscar preguntas a tus respuestas, creando nuevos interrogantes en mis quehaceres sentimentales... Como si me hiciera falta.

No, gracias (por nada)




No me hubieras dejado esa noche porque esa misma noche encontré un amor.
Parecía que estaba esperando tu momento de partir
parecía haber observado mis momentos junto a ti.

21 junio 2009

La muerte nos sienta bien (de culo)

La muerte no me gusta. No me importa si venimos al mundo a morirnos, antes seguro venimos a hacer muchas otras cosas, con ella pisándonos los talones.
Qué frío en la piel me envuelve cuando oigo a la muerte tocar el timbre en la casa vecina, eso sobre todo desde que soy consciente de ella. La muerte es en su naturaleza de privar al ser humano de su existencia, de la existencia, del ser. El evento de la muerte es la culminación de la vida de un organismo vivo.

(Recuerdo el día que escuché en la radio que la muerte fue a buscar a George Harrison el 29 de noviembre de 2001 y un extraña distorsión al respirar me abordó en ese paroxismo. No conocía personalmente a Harrison, sólo había estado vinculada a él a través de su música y las miles de cosas que leí sobre The Beatles; pero ser consciente de que no existía más... me dolió, feíto.)

Un sentimiento rayano a la tristeza me invadió cuando me enteré que Peña había muerto. Lo escuchaba todas las mañanas en la radio la primer hora del programa, pero fue justamente a raíz de su muerte que me dí cuenta que lo que disfrutaba de él eran sus personajes.

Fernando (así a secas, si se me permite la llaneza) no me inspiraba... "cariño", pero todos sus personajes me volaban la cabeza desde la sincretización que él, el mismo Fernando al que no estimaba, lograba con cada uno de ellos desde una pulida perspectiva, dándoles alma y vida en estricta individualidad.
No eran caricaturas, ERAN criaturas sin dudas. Me cautivaba increíblemente el hecho de que estos "individuos" crearan (y recrearan) la mística popular argentina, eran cada uno 100% argentos. Una clarita foto del mar de fueguitos argentinos.

Entendí que admiraba y me había encariñado con su creación, su genialidad. Era un actor radial genial (valga la redundancia). Me gustaba su voz, pero no tanto su ser, o al menos lo que mostraba de él, un tipo con una felicidad bastante sufrida (quién no), con sus intermitencias, contradicciones y ambivalencias (como yo bah). Adoraba su obsesión por la sintaxis.

Tengo la costumbre de escuchar radio al alba desde que tengo memoria. Escuchaba tangos en Rapidísimo mientras tomaba la leche; para mí es una rutina más, después de lavarme los dientes, pero que disfruto y extraño cuando no la tengo. Sin embargo, desde que Peña empezó con su programa a la mañana, tomé la costumbre de reírme mientras intento dejar de cagar a trompadas a mi suerte y mi destino madrugador. El actor radial que, siendo una persona desconocida para mí, ha llegado a provocarme carcajadas a las 7 de la mañana sin la necesidad de contarme un chiste ni ser Capusotto haciendo a Pomelo o Carolina Fan (de sólo nombrarlos ya estoy riéndome, disculpas, comentario fuera de contexto y mientras paro de reírme).

Siempre digo que alguien que te hace reír, inmediatamente se convierte en una necesidad vital, y automáticamente el cariño es ineludible.

Sigo levantándome tempranísimo a la mañana, y sigo buscando quien me haga reír sin quererlo mientras vivo esperando no morirme antes de tiempo. Despabilarte por la risa es una hermosa forma de empezar un nuevo día (un día menos de vida, sin duda, pero contenta).

Adiós a Milagros, Delia Dora de Fernández, Palito, Martín RL, Dick Alfredo, Mario Modesto Sabino, Mega, Jonathan, Rubio, Roberto Flores, Por el Orti... ADios le pido que les ponga un micrófono, donde quiera que estén y como sea que fuere, y así, en el más allá de acá, sabrán lo que es que la risa los despabile.

No sólo me hicieron reír, ahora en el fin me hacen pensar; hasta lo que no es "un organismo vivo" la puta muerte obliga acallar.
Puta y verdadera todopoderosa. Acá está. Tomen (yo no, por ahora paso).


P.S. I love you... Milagros (yo fui de las que, recién venida de Cuba, te escuché hablando con Vernaci y pensé, durante varios días, que eras una de las viejitas dulces que me parloteaban por La Habana, ai mast confes).

Bomberos innecesarios

Había una vez una mamá que buscaba preguntas en las respuestas, de temple de acero y corazón entibiado, porque no decidíase a buscar lo que quería.

Había muchas veces una mujer olvidándose de reír en vez de morder, de cantar en lugar de gritar, de ser prudente o actuar, según sea, antes que someterse a la parálisis que le provoca la duda.

Existen tantas mujeres en esta mujer que lucha obstinadamente contra sus propios sueños, mujer del fuego eterno según le han dicho, y lo había creído alguna vez.

No quiero yo ni tampoco las tantas mujeres dentro mío, ser un fuego bobo, una chispa en el mar de fueguitos. Quiero ser el leño seco, que arde mirando (y dejando que me miren) sin dejar de parpadear, quiero encender(me).

En qué etapa de la combustión me hallo?... esa es la pregunta constante, y en ella se deshace mi calor y me vuelve cenizas.

Será el invierno que hoy fue parido nuevamente que me vuelve nostálgica del fuego necesario para paliar su coyuntura y me hace reconocer que ando en el fuego agazapado, todavía esperanzada de volver a arder. Falta el madero que me realimente, o me encienda otra vez y quiera mirarme del color que sea... de la cabeza

a los pies.

Un hombre del pueblo Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

El mundo es eso- reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.

Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

Amén.




13 junio 2009

Palabrerío

Hoy escuché a G. atentamente, y hablamos sobre la sensación de parálisis que nos aborda cuando algo nos inquieta, nos hace ruido, nos tienta pero no llegamos a la iniciativa, entendí (nuevamente) lo reconfortante que es andar por la vida sacándose pendientes de encima.

Uno no empieza porque ese algo que tanto nos atrae en realidad no nos motiva? por qué no comenzamos de una vez? porque no estaremos motivados?

En el sentido más estricto de la palabra, motivar es disponer nuestro ánimo para PROCEDER, dar causa, percibir la razón como motor de la acción.
La falta de esta acción transforma nuestra inquietud en pendiente, y ya sé cuánto me molesta esa piedrita en mi zapato al andar los días.

En un momento, G. me dice que le daba miedo empezar con las palabras porque sentía que "era ignorante", así sin más. Enseguida me recorrió una especie de indignación y reflexión en exacta proporción y fuerza frente a su postulado.
Le dije que no es lo mismo ignorar que ser ignorante. Ignoramos mucho e intentamos cubrir la expectativa, de a poco, si estamos vivos y motivados. Ella deja de ignorar y se encamina como el cauce que sus palabras tienen, desarma la represa de su propia inseguridad, y las deja fluir nomás en el río de su inspiración. Nada más lejos de un ignorante, quien por analogía es un charco.

G. es una de esas BELLAS personas y una de las que más admiro. Además es un ser privilegiado en su sensibilidad, que tiene la dosis de bondad más elevada que yo jamás haya conocido y una manera de mirar que te abraza sin permiso (por suerte). Es adorable, inteligente, profesional y sublime madre. ¿Cómo podría estar así menospreciando su capacidad y desestimar la iniciativa?

No way, G. necesito decirte:
Como cada vez que veo a Male en el torreón de su adorable magnificencia.
Como cada vez que escucho a S. aprender de tus consejos y ser felíz en el camino desde que van de la mano.
Como siempre que escucho el calor de tus palabras vivas, dándome ánimo, recordándome lo bueno, entendiendo mis desbordes, compartiendo la experiencia...
Hoy leí el cuento y me emocioné con tu legado, otra vez.

G.(racias) porque el frío en las montañas se vuelve bello a través de tus ojos, porque el fuego de tu relato despierta el calor de la emoción al leerte, porque tu indignación es justa y tu nostalgia necesaria, porque la seguridad es imposible en un mundo indiferente, pero no el tuyo que es comprometido (eso seguro), y porque tus antepasados abren el camino mientras cazan avestruces, y algún día vos también serás cazadora en el cielo nocturno de tus hijos, qué afortunados.

Hoy volví a admirarte por la iniciativa y por la valentía en la acción y efecto de continuar.

Cuántos querremos el privilegio de tener perpetuas tus palabras, en el orden que sea que tu inspiración las guíe, al fin y al cabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.




"Los mapuches creen que nuestros antepasados reviven la bóveda de nuestro cielo nocturno. Que cada estrella es un antiguo abuelo iluminado, cazando avestruces entre las galaxias."

05 junio 2009

SUgestión


Ha pasado el tiempo.
Mucha agua ha corrido.
Nos vamos poniendo viejos?

No.
M. aprendió a andar en bicicleta sin rueditas.
Sin anestesia, enfrente de mis ojos.

Me lleven los mil demonios, el tiempo me anda corriendo en dos ruedas,
sin manubrio ni sidecar.

Guarda que viene
(a veces vuelve también)

04 junio 2009

yo_yo

El último me gustó mucho.
Después, el antúltimo no tanto.
El primero no me gustó para nada.
Ahora sólo lo evalúo y no me interesa más.
Sube y baja, colgando de la misma piola.

Cuando tenemos todo lo que queremos, en realidad empezamos a pensar que no era todo, o que "eso" no era en efecto lo que queríamos, o lo que queríamos indudablemente no es todo, pero "eso" no.
Y así gira la cabeza en la piola de la insatisfacción crónica rayana a la desesperación.


Quién cuernos nos entiende?
Digo, a mi otro yo y su otro yo.

Yo-yo no.

01 junio 2009

La despedida

Qué extraña sensación me invade pensando en la despedida, pensando en cualquier despedida...


Decir adiós nunca es fácil, nunca puede uno imaginarse en una situación de despedida que redunde en un placer para quienes se despiden mutuamente. Y hablo de la despedida en el sentido más genérico.


Borges ha dicho en El Aleph que los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales, aunque se juzguen contingentes y efímeros.


Clarito como el agua, en las nimias despedidas donde reconocemos la inminencia del pronto o al menos seguro reencuentro, la sapidez del momento no es amarga, el adiós es un acto reflejo.


Pero en los acuerdos de la despedida es prácticamente imposible que uno ande saboreándolos como si fueran un helado (aunque el Sr. Solari sostenga que las despedidas son de esos dolores dulces).


Cuántos hace que estamos juntos? Cuántas veces me dormí tranquila sabiéndote cerca, pensando nunca jamás un presente futuro sin vos alrededor, flotando en la experiencia, de alguna manera cómplice en la acción y en la inacción?


Amigos, hermanos, parejas, padres, madres, familiares acuden inevitablemente en algún momento al desagradable encuentro de la despedida... Porque la despedida es en esencia un encuentro, pero con destino cierto, inminente.


De quien queremos dificilmente busquemos despedirnos.

Quién disfruta la separación, la partida, la desaparición del proyecto común, la muerte?

Pero cuándo fue el principio del fin?


La sensación que me ha invadido en el adiós siempre ha sido una especie de implosión de tristeza, dolor o nostalgia por adelantado... o el miedo a cualquiera de ellos. Ahora pensándolo bien, entiendo que despedirse implica darse cuenta que vivimos la certeza de proximidad del "no estar". No estás más conmigo, ya no vas a estar acá; concluyendo así lo importante de la cercanía, del tocarse al llegar y al irse de un momento que puede ser sólo un momento, pero no por eso escapa uno a la percepción, tal vez inconsciente, de que la vibración, la respiración del ser querido en el ambiente es una especie de calma que nos da refugio.


La despedida es el acto en el que confluyen muchas veces dos perspectivas vivas, la del que "se va" y la del que "se queda". Uno siempre está en una u otra pero, sea cual sea, ambas se alimentan de la tristeza del saber concreta la situación de lejanía, sea ello en un proyecto común, en una relación o de lugar, lo mismo da.


Siempre que algo termina, incluso la vida misma, despedirse es un momento en el que la emoción y el dolor se hacen el amor para concebir la herida, y la cicatriz puede ser visible o no, pero se nos instala inexorablemente.


Y qué cuando la despedida es a destiempo entre ambas partes? mucho más temible, porque el dolor no es compartido, se saborea solito, nos lastima en espejo y nos desorienta en el camino hacia la cicatrización. Mejor correr para donde sea, escaparse del cuco malo, yo lo viví y no se lo deseo a nadie... todavía me duele la incertidumbre buscando a mi despedido en sueños, todavía me estremece el adiós sin eco.


Enfrentar la despedida, confrontarla, es la anestesia de lo que viene después: la agonía en la pérdida, sea ésta larga o corta.

Y quién quiere perder? yo no quiero anestesiarme ni perder(te).



"...Y ahora yo busco esa memoria y la miro y pienso que era falsa y que detrás de la despedida trivial estaba la infinita separación. Anoche no salí después de comer y releí, para comprender estas cosas, la última enseñanza que Platón pone en boca de su maestro. Leí que el alma puede huir cuando muere la carne. Y ahora no sé si la verdad está en la aciaga interpretación ulterior o en la despedida inocente. Porque si no mueren las almas, esta muy bien que en sus despedidas no haya énfasis. Decirse adiós es negar la separación es decir: Hoy jugamos a separarnos pero nos veremos mañana. Los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales, aunque se juzguen contingentes y efímeros..."