Después, el antúltimo no tanto.
El primero no me gustó para nada.
Ahora sólo lo evalúo y no me interesa más.
Sube y baja, colgando de la misma piola.
Cuando tenemos todo lo que queremos, en realidad empezamos a pensar que no era todo, o que "eso" no era en efecto lo que queríamos, o lo que queríamos indudablemente no es todo, pero "eso" no.
Y así gira la cabeza en la piola de la insatisfacción crónica rayana a la desesperación.
Quién cuernos nos entiende?
Digo, a mi otro yo y su otro yo.
Yo-yo no.
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