01 junio 2009

La despedida

Qué extraña sensación me invade pensando en la despedida, pensando en cualquier despedida...


Decir adiós nunca es fácil, nunca puede uno imaginarse en una situación de despedida que redunde en un placer para quienes se despiden mutuamente. Y hablo de la despedida en el sentido más genérico.


Borges ha dicho en El Aleph que los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales, aunque se juzguen contingentes y efímeros.


Clarito como el agua, en las nimias despedidas donde reconocemos la inminencia del pronto o al menos seguro reencuentro, la sapidez del momento no es amarga, el adiós es un acto reflejo.


Pero en los acuerdos de la despedida es prácticamente imposible que uno ande saboreándolos como si fueran un helado (aunque el Sr. Solari sostenga que las despedidas son de esos dolores dulces).


Cuántos hace que estamos juntos? Cuántas veces me dormí tranquila sabiéndote cerca, pensando nunca jamás un presente futuro sin vos alrededor, flotando en la experiencia, de alguna manera cómplice en la acción y en la inacción?


Amigos, hermanos, parejas, padres, madres, familiares acuden inevitablemente en algún momento al desagradable encuentro de la despedida... Porque la despedida es en esencia un encuentro, pero con destino cierto, inminente.


De quien queremos dificilmente busquemos despedirnos.

Quién disfruta la separación, la partida, la desaparición del proyecto común, la muerte?

Pero cuándo fue el principio del fin?


La sensación que me ha invadido en el adiós siempre ha sido una especie de implosión de tristeza, dolor o nostalgia por adelantado... o el miedo a cualquiera de ellos. Ahora pensándolo bien, entiendo que despedirse implica darse cuenta que vivimos la certeza de proximidad del "no estar". No estás más conmigo, ya no vas a estar acá; concluyendo así lo importante de la cercanía, del tocarse al llegar y al irse de un momento que puede ser sólo un momento, pero no por eso escapa uno a la percepción, tal vez inconsciente, de que la vibración, la respiración del ser querido en el ambiente es una especie de calma que nos da refugio.


La despedida es el acto en el que confluyen muchas veces dos perspectivas vivas, la del que "se va" y la del que "se queda". Uno siempre está en una u otra pero, sea cual sea, ambas se alimentan de la tristeza del saber concreta la situación de lejanía, sea ello en un proyecto común, en una relación o de lugar, lo mismo da.


Siempre que algo termina, incluso la vida misma, despedirse es un momento en el que la emoción y el dolor se hacen el amor para concebir la herida, y la cicatriz puede ser visible o no, pero se nos instala inexorablemente.


Y qué cuando la despedida es a destiempo entre ambas partes? mucho más temible, porque el dolor no es compartido, se saborea solito, nos lastima en espejo y nos desorienta en el camino hacia la cicatrización. Mejor correr para donde sea, escaparse del cuco malo, yo lo viví y no se lo deseo a nadie... todavía me duele la incertidumbre buscando a mi despedido en sueños, todavía me estremece el adiós sin eco.


Enfrentar la despedida, confrontarla, es la anestesia de lo que viene después: la agonía en la pérdida, sea ésta larga o corta.

Y quién quiere perder? yo no quiero anestesiarme ni perder(te).



"...Y ahora yo busco esa memoria y la miro y pienso que era falsa y que detrás de la despedida trivial estaba la infinita separación. Anoche no salí después de comer y releí, para comprender estas cosas, la última enseñanza que Platón pone en boca de su maestro. Leí que el alma puede huir cuando muere la carne. Y ahora no sé si la verdad está en la aciaga interpretación ulterior o en la despedida inocente. Porque si no mueren las almas, esta muy bien que en sus despedidas no haya énfasis. Decirse adiós es negar la separación es decir: Hoy jugamos a separarnos pero nos veremos mañana. Los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales, aunque se juzguen contingentes y efímeros..."


4 comentarios:

  1. Que emotivo, será que me estoy despidiendo de la adolescencia y poniendome mayor?
    Que conflicto las despedidas, recuerdo que mi primera experiencia con ella fue en la etapa del jardín de infantes, iba a los cumpleaños y era tan lindo eso de jugar correr (hay que pensar que era hija única criada entre grandes gatines y a los 9 te hablaba de montoneros) que desde ese momento empece a tomar conciencia de lo que es despedirse...
    Durante muchos años me conflictuó este tema, incluso cuando me confirmaron que yo andaba chocha con la bolsita de las estampitas para juntar $ y la de catequesis me bajó de un saque hablandome sobre la muerte, recuerdo que lloré mucho y lo primero que hice fue correr a contarle a mi primo Gonzalo: Gon vos sabías que nos vamos a morir? Que angustia! Qué desilusión! Se puso en jaque la eternindad...
    Hoy con 30 años más me siguen angustiando las despedidas pero creí entender que lo que más me afecto es saber, sentir, oler, mirar y entender que esa angustia está relacionada a "SABER QUE ESE MOMENTO NO SE VA A VOLVER A REPETIR" no importa si es bueno o es malo, solo saber que eso se esfuma en la acción y no vuelve más...
    Eso es lo que envuelve la idea de despedida en mi vida...

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  2. Brindo por las ironías.
    En inglés "miss" significa "perder", y como dije, la despedida es la antesala de la pérdida...
    Pero, como en el inglés, el contexto es sustancial, y a través de sus comentarios no hago más que (re)encontrar en usted a un digno exponente de la sensibilidad y la inteligencia hermanadas... es en esto último... sí señor, por ahí va lo nuestro, queridísima...
    Hasta luego (sin énfasis).

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  3. Sole dice: Las despedidas son algo que siempre me costaron muchisimo! Pero las que mas duelen son las despedidas que "no pudieron ser". Me pasó una ves, no llegué a despedirme como me hubiera gustado,y eso si dolió, y es el día de hoy que pienso "por que perdí el tiempo? por que pienso que TODO ES PARA SIEMPRE?".
    Pero bueno, encontré la forma , en algún que otro sueño, de poder hacer de ésa despedida algo real, por lo menos por un ratito, y me sentí mas liviana.

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  4. Sole, cada vez que me pierdo, vos me encontrás, siempre me encontrás.
    Una de las despedidas más dolorosas que viví fue la tuya en 2007... y la alegría de verte de vuelta fue el mimo que me volvió el alma al cuerpo. Qué egoísta, tal vez, pero no por eso menos cierto. Te extrañé como la reputísima madre.

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