02 abril 2009

Bendita tú eres.


Una vez superado el hastío, llega el momento de la reflexión.
Ya se sabe que ando noviando con la soledad últimamente, pero pensando un poquito (sólo un poquito), debo reconocer que la vida me quiere, y me lo demuestra constantemente. Por ejemplo, debo admitir que me ha premiado de varias maneras, con regalos que perduran en el tiempo, que me acompañan y me protegen de la soledad, por sobre todas las cosas.

La amistad de mis amigos es uno de los grandes, inmensos obsequios que me ha sido entregado, mereciéndolo o no (eso será tema de la próxima reflexión parida del hartazgo). -Léase, digo obsequios, y no premio, por qué? se lo comentaría a mi analista cuando se vuelva vegetariano, porque todavía lo veo caníbal desde el post anterior-.

Definitivamente creo que hay una diferencia abismal entre tener amigos y amistades.

Una tiene muchas amistades, pero AMIGOS... sólo aquellos en los que uno piensa en acudir con prisa y sin pausa cuando el suceso de turno nos enciende o nos apaga, pocos. Y me pregunto por qué uno piensa en acudir a ellos? Porque los acontecimientos nos fuerzan de manera inexorable a buscar la complicidad de su goce o de su padecimiento con quienes nos completan, según sea.

El tema que me convoca es el de mis amigas, aunque tengo amigos del sexo masculino, y al ser la naturaleza de éstos últimos bastante cuestionada porque no ha sido comprobada científicamente la nobleza de su esencia (se darían o no se darían), no abundaré por el momento en ellOs, sino en ellAs, una vez que se supera el instinto animal de vencer al más débil; es de eso justamente de lo que NO se trata entre nosotras cuando nos queremos de verdad.

Tengo amigas que no todas son amigas entre ellas, pero todas se han conocido entre sí por mí, es decir, lo único que ha podido unirlas soy yo (salvo M y J que ya se conocían). Sus personalidades se encuentran en las antípodas unas de las otras. Unas más cerca de un extremo que del otro, pero diametralemente opuestas, y sin embargo todas ellas han sabido quererme y contenerme de manera irreprochable, mejor que bien.

Las amigas no se eligen, se encuentran sin buscarlas en los momentos en los que una comete la osadía de sentirse sola. Si ellas están, por qué debería una sentir soledad? Miramos hacia el lado equivocado, el vaso medio vacío?

Encuentro entre ellas a la casada con hijo, la noviera irremediable, la noviera conflictiva, la soltera sin ambages, la adorable fashion top, todas muy muy amigas, y con todas, además de la complicidad de género, tengo la dicha de sentir el amor más profundo, la inequívoca sensación de protección, la fortaleza para superar los malos momentos, la palabra que me alienta en la mudez de la tristeza (cuando estoy triste tiendo al hermetismo, lo sé, me aborda un silencio deliberado y persistente, todas me lo han dicho, no reprochado).

Mis amigas se ríen conmigo y de mí porque les doy múltiples motivos (y soy pésima contando chistes, ellas también lo saben).

Adoro a cada una de ellas, las quiero con el alma sin caer en eufemismos por esto, no es una mera generalización, es la descripción hecha de lo que generan en mí.
C, M, M, L y J son, en sus respectivos mundos porque cada una de ellas es un mundo increíble y maravilloso para mí, irremplazables en el mío. Son mis AMIGAS, son SERES especiales en mi vida, las quiero, las protejo, las pienso, las admiro, las extraño, las disfruto, las cuido. Son infinita belleza, como un atardecer en el mar, como tener el sol entre los dedos.

Mis amigas me sostienen, me alientan, me empujan y me retienen con sabiduría de AMIGA. Todas cometen errores, todas tienen problemas en sus vidas, como sea que la lleven y las lleve, pero todas siguen recorriendo el camino conmigo. Con ellas no dudo en decir siempre, nunca.

Qué mujer puede sentir soledad cuando se tiene buenas amigas:
Me abren su corazón.
Celebran mis logros, persuaden mi dubitación según su criterio, que por cierto siempre respeto aún cuando no lo comparta.
Recogen los pedazos cuando se me rompe el corazón y arman el rompecabezas de mi ánimo.
Me buscan. Me respetan. Me sonríen. Me guían. Me hacen reir. Me consultan. Me abrazan. Me aconsejan.
Me preceden para atajarme.
Me llevan de la mano cuando me pierdo.
Nunca son objetivas, porque siempre buscan mi superación. Menos mal (literalmente), para lo demás están los demás.
Sin dudas me completan.

Será que me las merezco, son un inmenso motivo para ser optimista en la elección, voy bien. Este es el camino, qué alivio recorrerlo con ellas a mi lado. Qué placer más dulce.

Brindo por ellas, y con cada una de ellas.

Salud! para todas ellas y para todas las buenas amigas. Siempre.


2 comentarios:

  1. Vengo contento por haber sido convidado con este blocccc a decir que menos mal que se está poniendo todo esto en palabras, es el exorcismo perfecto para una labiata vehemente como ud., todo loq ue se dice acá tiene un sentido alto y delicado, exacto y no delgado.
    Lo único que le pido a dios es que ponga las letritas un poco más grandes porque sino vamos a quedar ciegos antes de tiempo vamos a quedar de tanto leerla!
    Yo soy tu fan.

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  2. Mi querida desventurada papafrita rockera, usted es el fan de su fan (pero yo lo ví primero).
    Yo sólo le pido a Dios que me diga si existe, para qué vinimos al mundo, y por qué no nos creó con el chip incorporado para aprender con prisa a editar estas cosas. No me pida demasiado, gracias -a Dios no porque estará pensando sus respuestas- que logro subirle alguna imagen decorativa a las palabras.
    Sálveme usted (que todo lo edita en la ueb) con sus consejos.

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